“ÚNETE AL RETO 40 POR NOCHIXTLÁN” @LizVictoriaHta

 

Por Javier Zarza / Cronista de Nochixtlán

-Joven, ¡póngase el cubrebocas por favor!
-no gracias … estoy bien así.
– ¿qué no ve que están aumentando los contagios?
– ¡Puras mentiras! ¡Esa madre ni me deja respirar!
La joven vestida con la playera guinda y el logo de Honorable Ayuntamiento 2019-2021 y con un montón de cubrebocas en cada mano, mira desconsolada al tipejo y se da la vuelta para seguir repartiendo cubrebocas entre la población. Entonces, el hombre le grita a todo pulmón:
– ¡En su pinche vida no me han de ver con el bosal en la boca! ¡Ustedes son los enfermos por quererse tapar la trompa!
Pero el tipejo gritón no contaba con que dos vendedoras, una de tortillas y otra de tamales alcanzaron a escuchar y se abalanzan sobre el hombre:
– ¿qué te pasa güey? ¡no seas ignorante! ¡si tu te quieres morir es tu pedo! Pero nosotros ¿qué culpa tenemos?
– ¡No le hables tan bonito a este burro que no entiende! ¡Ojalá te murieras solo, pero a cuántos inocentes te vas a llevar por delante!
Salen dos patrullas de la Explanada Municipal, desde la camioneta azul y blanca que va al frente, la Presidenta Municipal Lizbeth Victoria Huerta habla por el micrófono:
-Nochixtlán, ¡únete al Reto 40 por Nochixtlán! que consiste en utilizar durante 40 días el cubrebocas de manera correcta.
Infatigable, la Presidenta Municipal prosigue con su mensaje:
-Nochixtlán, ¡unámonos a las medidas preventivas! ¡Sigamos con las medidas preventivas, la sana distancia, el quédate en casa, y el uso del cubrebocas!
-Por favor utilicemos el cubrebocas correctamente, es decir, que nos proteja totalmente la nariz y la boca.
Desde la segunda patrulla, se escucha también otro mensaje:
-El Honorable Ayuntamiento de Asunción Nochixtlán invita a todos los sectores de la población a unirse al reto 40 por Nochixtlán.
-Se le recuerda a toda la ciudadanía que EL USO DEL CUBREBOCAS ES OBLIGATORIO.
– ¡Mira! ¡Mira, ahí vienen tres sin cubrebocas!
Una joven delicada y frágil, salta con agilidad de la patrulla y corre con tres cubrebocas en la mano. Su sonrisa es fresca, casi infantil:
– ¿Quieren un cubrebocas, muchachos?
Ellos la rodean y le responden:
– ¡Los bozales son para los burros! hazlo rollito y atóratelo por donde te quepa!
El convoy de las dos patrullas, pasa frente al Mercado “Eliseo Jiménez Ruiz. En cuanto la gente reconoce la voz de la presidenta Lizbeth Victoria en el micrófono la saludan desde lejos:
– ¡Presidenta, Presidenta! ¡Adiós Presidenta, cuídese Usted!
– ¡Presidenta Lizbeth! ¡Presidenta Liz!
-Presidenta ¡regáleme un cubrebocas!
– ¡Uno para mí!
– ¡Deme uno para mí, uno para mi hijo y otro para mi abuelita!
Los policías no permiten que se reúna la gente. Nada de aglomeraciones:
– ¡Por favor señora! ¡espere su turno amigo!
La patrulla se aleja rumbo al Barrio del Calvario, la gente se queda viendo hacia el panel de luces de colores. Infatigable, la Presidenta vuelve a tomar el micrófono:
– ¡Únete al Reto 40 por Nochixtlán!
– ¡No es hora de bajar la guardia!
Llegamos a un crucero. Nos detiene un semáforo rojo y una larga fila de vehículos que discuten por pasar primero. Ni cuenta me había dado que estoy frente a tu casa querido amigo, hace apenas tres días que partiste y la hierba ya invadió el patio, ni siquiera hemos podido ponerte un moño negro como señal de duelo. No hubo tiempo para la despedida. No hubo chance de aventar un puño de tierra. El aullido lastimero de tu perrita lanuda y coja, es tan triste que lastima los oídos, ya no hay quien le dé comer o le aviente un pedazo de tortilla. Pegada al portón de rejas blancas, la perrita lanuda y coja sigue aullando y esperando tu regreso.
La playera azul y blanca de nuestro equipo, se destiñe en el tendedero, el balón con el que jugamos tantos partidos sigue arrumbado en un rincón. No hubo tiempo de la despedida. Pero guardo en el alma, el recuerdo de nuestra feliz infancia compartida por las calles del pueblo. Desde aquí te digo: ¡Adiós amigo!
Me faltan las fuerzas para caminar y mejor me subo a la parte de atrás de la patrulla. La joven de bata blanca me pregunta:
– ¿por qué llora Usted?
-No estoy llorando le digo.
-Es el cubrebocas que no me deja respirar y es la careta que me lastima los ojos-.
Le digo, mientras que con vergüenza trato inútilmente de ocultar un río de lágrimas.

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